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Mostrando entradas de octubre, 2015

Sin querer, cambiar.

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¡Qué año! ¡Qué cambios! Han llegado sí, han venido a agobiar, han venido a reírse de nosotros, han vuelto... los cambios. Cuántas lágrimas habéis echado por veros en otro sitio, con otra gente, con otros aires, con otras calles, con lo de nunca, porque nunca os habéis visto sin los de siempre y eso asusta. Da miedo ver cambiar a las personas y más las de tu día a día pero asusta mucho más verte a ti, verte cambiar es una sensación muy dura para los que te rodean, no me refiero a la forma de vestir, ni de hablar... si no a la forma de ser, de estar, incluso de pensar, eso es miedo. Miedo a perder (te) en medio de todo y en medio de nada, a no saber que hacer, a estar solo, perdido. Tenemos pánico a ver amanecer en otro sitio, a ver el atardecer con otra persona, a menudo se dice que la rutina es odiada pero en realidad, es con lo que más cómodos estamos. Nuestra comodidad reside en nuestro hogar, en el sitio ideal con nuestra persona favorita, ahí no nos asusta nada, no existe...